Pashminadas

Día 1: El matriarcado de Mamatoco

Hoy llegué a Santa Marta después de un viaje en bus de 21 horas, desde Bogotá. Santa Marta fue la primera ciudad fundada en suramérica (resalté un poquito de historia). La parte antigua no es tan bonita como la de Cartagena (y el casco urbano tiene al parecer menos pobreza) pero me parece una ciudad genial. Sobretodo si lo que uno busca es playa, sol, brisa y mar.

Mi amiga anfitriona, samaria compañera de la universidad, me recibió en el terminal de transportes (allá le dicen “el transporte”) y me llevó a su casa para que me instalara. Cuando me dijo que su casa era gigante y no había problema en que me quedara, creí que era una forma de decir “eres bienvenida”  o algo parecido.

Pero no, era literal. Justo ahora se están quedando seis personas (primos y familiares) además de las cuatro que ya viven ahí. La mejor forma de saber si hay suficiente espacio para todos es la cantidad de veces en el día que te cruzas con los demás, estando todos en la misma casa. Puedo decir que aquí hay bastante espacio.

Yo creía que este primer día me iba a limitar a aclimatarme, desempacar y conocer un poco a la familia. Resulté haciendo sólo lo tercero, pero de una forma que jamás hubiera esperado. Lo único realmente malo del día es que tuve que dejar la cámara cargando antes de salir, así que no hay más documentación que lo que recuerdo y escribo aquí.

Luego de dejar las maletas en la casa nos fuimos todos (los papás, tíos y primos, mi amiga y yo) al Rio Piedras, a las afueras de Santa Marta, en la vía hacia la Sierra Nevada. Llegamos a una serie de balnearios con cabañas y piscinas de agua del río. Son sitios muy lindos, aunque no están en las condiciones que deberían. Muchos fueron construídos con dinero del narcotráfico y ahora se encuentran muy abandonados, es demasiado caro mantenerlos en buenas condiciones.

Así fue el reencuentro con la naturaleza calentana. En medio de la montaña, entre las piedras lisas y gigantes que pertenecieron al río cientos de años atrás, al lado de una piscina con una cerveza fría en la mano y comiéndome el primer patacón con sal y limón (resalto más eso que el delicioso asado que también comí). Sabiendo que el mar estaba esperando a unos kilómetros nada más.

Fue un primer momento de viaje perfecto. Hasta había un gato merodeando por ahí, muy lindo con su pelaje estampado de vaca y su maullido intenso para que le diera algo de comida. Ya me imaginarán, toda dominada por el infeliz😀

Cuando volvimos a la casa tuve tiempo de desempacar y arreglarme un poco, antes de salir para el cumpleaños de una abuela de la familia. Una de las tantas, porque la familia es gigante. Por lo general un ‘cachaco’ tiene dos abuelas nada más. Aquí parece común tener cuatro o cinco, según lo unida que sea la familia política.

Llegamos a Mamatoco, el sitio donde vive la abuela de Sara (mi amiga). Es una localidad de Santa Marta que tiempo atrás era un pueblito independiente, uno de los primeros pueblos de indígenas establecidos por los españoles en la región (otro pedacito de historia por acá).

Mamatoco significa viejo sacerdote (según unos estudiantes de antropología), es un sitio de mucha tradición en Santa Marta. Una casa gigante, de un piso, con un patio gigantesco enlosado y con un árbol altísimo el centro. Era el cumpleaños número 81 de la señora Josefina.

Cuando llegamos a la entrada escuchamos un sonido rítmico que venía de adentro. Sara me dijo (muy emocionada, claro) que era una tambora. Así le llaman al grupo pequeño de instrumentos que incluye tambora, bombo, llamador, guacharaca, tambor macho y hembra y un saxo en este caso, con el que amenizan las reuniones costeñas que no son de vallenato (o esa es mi definición). Tocan cumbia, porro, son, bullerengue, chandé y todos esos derivados.

Puede que lo anterior no le diga mucho a los cachacos como yo. Pero créanme cuando les digo que es una cosa buenísima.

Entramos entonces a la casa y cruzamos la sala. Aquí fue donde comenzaron las señales de matriarcado: el señor de la casa (esposo de doña Josefina), don Leopoldo, sentado en una mecedora al frente del televisor, con otros hombres más jóvenes alrededor. La fiesta no era ahí, evidentemente. Era en el patio.

Salimos pues al patio y había una escena que yo no me imaginé nunca encontrar: unas 15 señoras más o menos, todas mayores de 70 años, sentadas alrededor del patio aplaudiendo al son de lo que tocaba la tambora. Uno o dos hombres se veían por ahí, nada más. Los que estaban afuera eran hijos o nietos que habían traido a sus madres/abuelas a la fiesta. Los esposos seguramente estarían en sus casas, también frente al televisor.

Era una fiesta de matriarcado además de reunión familiar. Porque, cabe aclarar, en Mamatoco todos son familia: se es prima o tía del de la hermana del esposo, y con nexos genéticos de ese estilo todos terminan emparentados. Las mujeres son las matronas: el centro, organizadoras, administradoras y articuladoras de la vida social.

Además de esa tradición familiar tan fuerte, hay otra muy importante que es la devoción católica. Muchas de estas matronas pertenecen y se conocen o amigan por grupos de oración en la iglesia. Pero, a diferencia de lo que pasa en el interior del país, estas señoras son unas devotas fiesteras que además de pagar la misa por el cumpleaños organizan una reunión como ésta en la que estuve.

Doña Josefina quería una tambora y además quería comilona. Y gracias a eso yo pude probar la butifarra y el bollo limpio por primera vez (tal vez los probé cuando era pequeña pero no lo recuerdo, así que no cuenta), en unos pinchos deliciosos que pasaron cuando llegamos. De ambas cosas puedo decir que eran una delicia.

Luego de la comida, la tambora comenzó a tocar en serio. Y lo que vino a continuación me sorprendió aún más. Casi todas las señoras se fueron parando poco a poco para bailar. Incluyendo a doña Josefina con sus recién estrenados 81 años y a otra matrona que estaba con un bastón porque anda enferma de la cadera. Y bailaban de lo lindo. Porro, cumbia y todo lo que les tocaran. Ya dije que no había hombres, así que todas bailaban con pareja mujer.

No creo que una reunión de cachacas de la tercera edad bailando merengue se vea así de bien, se sienta igual de auténtico. Esta era una verdadera celebración. Y a mi se me prendió la energía y la alegría de estas señoras y terminé sudando de tanto bailar. Las mujeres en todo lado deberían ser así.

Ya al final de la reunión tocaron la canción insignia de Santa Marta, el helado de leche. Yo creía que el helado de leche era el equivalente al dulce de leche, algo que se hace con azúcar y leche. Pero no, el helado de leche es una canción, obvio expresión para nombrar cualquier helado que no sea de agua sino de leche. El dato puede ser innecesario, pero es para evitarles una futura “rolada”.

Y ajá, eso fue todo por el primer día. En mis estándares, fue el mejor comienzo de viaje que pudiera desear.

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2 thoughts on “Día 1: El matriarcado de Mamatoco

  1. javier dice:

    que bueno que la pasaste donde la vieja josefina, me quedo sonando lo del patacon con limon, la verdad nunca se lo he echao.
    si efectivamente mamatoco encierra muchas historias y situaciones cotidianas que a mi siendo samario y mamatoquero me sorprenden mucho, por ej. hace poquito se robaron la campana de la iglesia y luego el show cuando la recuperaron, bueno son millones de relatos.
    en mamatoco hay personas que llevan 40,50 o 70 años sentandose todos los dias bajo un palo de mataraton a fresquear un rato y nada mas…..eso me parece un estilo de vida y ya . hay gente que le gusta viajar y hay gente que no sale ni de su pueblo. con decirles que hay mamatoqueros que no conocen ni el buenavista. por eso compatriotas no renunciemos a ser mamatoqueros y yo les prometo……………..y tambien les prometo………

  2. Rossana dice:

    Ajaaa… niña que bueno que conociste a josefina padilla y a Leopoldo Núñez.
    Como buena mamatoquera te puedo decir que este es el mejor vividero del mundo, el tiempo transcurre distinto que en otra parta. Yo, después de vivir 26 años en Bogotá, me volví a mi pueblo!! Si mi pueblo, porque aunque la ciudad nos ha absorbido y nos convirtieron en barrio (éramos corregimiento) seguimos siendo pueblo!! Eso sí con identidad.
    Actualmente vivo en todo en el marco de la plaza de la iglesia, y las 9 de la noche son contadas las personas que ves en la calle, y las 10 ya todo está cerrado… y todo sigue igual.. Hasta el modo de pensar y de actuar de las personas.
    Me alegra mucho que te haya gustado y ojal puedas volver.

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